Warum ist die Banane krumm?
Ayer no subí entrada, lo sé. Lo sé y ya se encargó alguien de recordármelo. Pero, como decía mi hermano de pequeño: "os perdono".
Me pasé el día pensando temas sobre los que escribir, pero no me convencían. Así que a partir de ahora voy a escribir de lo primero que se me pase por la cabeza. Que es más o menos lo que he hecho estos días. O sea que lo de ayer fue un lapsus, en realidad.
Además estuve ocupada construyendo mi robot Lego Hero con el que conquistaré el mundo. Aquí la prueba:
Bombero, apaga mi fuego |
Ahí no se ve, pero por detrás le añadí una cara para que vigile su espalda. Que lo tengo todo pensado.
También jugué a la Wii Dance y fui la que más puntos sacó en una canción titulada "Mamasita", con ciertos aires flamencos -un popurrí de esos que hacen los guiris cuando no tienen claro que hay muchos países distintos dentro de la hispanidad. Podéis estar orgullosos, aunque no me gusten ni la paella ni la siesta.
Y cambié el fondo de pantalla del ordenador. No, si es que en realidad estuve superocupada. Que también puse una lavadora, abuela.
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Hola, soy el fondo de escritorio bohemio de Laurina |
Pasando ya a esta nueva entrada, hoy quiero comentar -que estoy enamorada- con vosotros -o sea, exponer mis ideas como verdades universales y ya si eso debatir en los comentarios- sobre el intríngulis de las presentaciones en el extranjero.
Antes era todo mucho más fácil: en España nos damos dos besos, en Alemania la mano, en Italia dos besos pero empezando por la izquierda, etc. Pero ahora a la gente le ha dado por viajar y conocer otras culturas y ya se fastidió el invento.
Una va toda decidida a darle la mano al alemán, pero él, como es muy majo, abierto y ha veraneado en Mallorca; te va a dar dos besos. Total, que acabas haciendo un combo de mano-beso un poco incómodo. Porque hay veces que no hay término medio, o quedas de sobona o de rancia. Por ejemplo, una vez vinieron unas chicas rumanas de intercambio a nuestro instituto y las pobres vaya cara de susto pusieron con lo de los besos. Pero en otra ocasión el marido de una compañera de mi madre me dio la mano, y yo tenía como 14 años. Pensé que me iba a ofrecer una hipoteca.
Además, hace unos años tenía hipersudoración en las manos. Es decir, que me sudaban cacho de mogollón. Que también es de agradecer al cuerpo que sude mucho en las manos, porque es un sudor fino que no molesta a la pituitaria. Es como tener una enfermedad gástrica. Es menos incómodo decir que has estado vomitando que que te ibas "por arriba y por abajo", como dice mi abuela. No sé si me explico.
A lo que iba, que antes me sudaban mucho las manos y lo pasaba mal cuando tenía que dársela -la mano- a alguien. Por ejemplo, en misa. Ahí todos dando la paz y yo frotando la mano contra el pantalón. Que el problema no es frotar y dar la mano, sino que se te crucen los cables y te la frotes -la mano- después de darla -la mano- como si tuvieses un TOC.
Luego están los que abrazan. A mí eso me pone muy nerviosa. Besar en las mejillas me da igual -¿qué tiene en la cabeza esa gente que besa al aire, como si tuvieses una enfermedad contagiosa?- Pero, ¿un abrazo? Encima el europeo medio tiende a ser gigantón, que te atrapan ahí sin escapatoria. Y si ya encima es de los de ducha esporádica...
Claro que lo de los besos tampoco es moco de pavo, porque: uno, tienes que dar los besos sin que sean de esos sonoros de abuela. O sea, no darlos al aire completamente pero tampoco succionar la mejilla al estilo dementor. Y dos, qué cosa más pesada. Está la gente diciendo su nombre mientras van y vienen los besos: "Hola, me llamo A ¡muac! , encant ¡muac!"
Total, el otro día en la fiesta hubo una mezcla de manos, con besos, con abrazos que se convirtieron en besos por malentendido, con nada porque no me voy a levantar del sofá por si me quitan el sitio... Eso sí, el pasotismo a la hora de aprenderte el nombre de la gente allí presente... Eso es universal.